lunes, 14 de enero de 2013

MI AMADA, MI ESPOSA, MI ÁNGEL PROTECTOR


Es extraño como siento las lágrimas que aún no han salido, es extraño este nuevo sentimiento, que simplemente me invita a escribir. No sé exactamente sobre qué estoy escribiendo, solo intento, con estas líneas, no dejar salir esa gota de angustia que martiriza mis entrañas y me retuerce el estómago cuando pienso en la posibilidad de que algún día ya no estés a mi lado. 
Vuelvo a sonreír. Otro sentimiento, éste, tal vez, es un poco más agradable, porque la angustia ha dejado el camino libre a la esperanza. La esperanza de que nunca te separes de mí. La esperanza de envejecer juntos y expirar entre tus brazos. Esa esperanza que hace que mis labios y mis ojos sean capaces de sonreír. Esta estúpida sonrisa, no sé muy bien por qué... sí, lo sé, porque pienso en ti. Tú has sido la causante de muchas de esas sonrisas sin pretenderlo, y lo eres incluso cuando no estás. Es maravilloso pensar que te tengo cerca, y creo que hasta puedo sentir un poquito de esa paz que había perdido. Y solo es un recuerdo... cuanta paz emana de ti, cuanta paz desprendes con sólo una mirada, una sonrisa, o una caricia... paz. Y no me extraña, porque tú eres ese pequeño ángel particular que, no sé muy bien por qué, Dios envió para protegerme. Pero eso no importa. Dios se dio cuenta hace cuarenta años que yo, un niño chiquito, delicado, e inseguro, necesitaba protección, y te mandó a ti, mi ángel, a protegerme. Creo que estás equivocada, porque creo que no soy digno de tu protección, y aún así, sé que la necesito, no porque sea débil, sino porque al estar a tu lado creo ser invencible. Supongo que es uno de los poderes que el loco amor da a todos sus fieles seguidores, aunque también estoy seguro de que nos da la locura, la ceguera, la inmadurez, la sorpresa y el entusiasmo. Porque supongo que no puedo hacer otra cosa que estar en deuda contigo, porque te debo mucho más de lo que tú crees, te debo la vida, sí, porque tú me has hecho renacer a la vida con tu amor. Puede que sea Cupido... viejo chiflado el amor. Pero te amo.
Mi Esposa, mi Amiga y mi Amante, siempre tuyo, siempre mía, siempre nuestro. Te amo.

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